La foto en el despacho: secretos de familia bajo el sol de Madrid
—¿Pero qué demonios hace esa foto aquí? —me pregunté en voz baja, con la garganta seca y las manos heladas, mientras mis ojos no podían apartarse del marco plateado sobre la mesa de mi nuevo jefe.
El despacho olía a café recién hecho y a madera encerada, pero yo solo podía oír el latido acelerado de mi corazón. Era mi primer día como secretaria en una asesoría jurídica del centro de Madrid, y lo último que esperaba era encontrarme con una foto mía, de cuando tenía seis años, vestida de flamenca en la feria del pueblo. La misma sonrisa tímida, los mismos ojos grandes. No cabía duda: era yo.
—¿Te encuentras bien? —La voz grave de don Ernesto me sacó del trance. Él, impecable con su traje azul marino y su corbata granate, me miraba con una mezcla de curiosidad y preocupación.
—Sí, sí… solo que… esa foto… —balbuceé, señalando con un dedo tembloroso.
Él se giró y sonrió con nostalgia.
—Ah, esa. Es la hija de una amiga muy querida. Hace años que no sé nada de ellas. ¿Te recuerda a alguien?
Sentí un nudo en el estómago. ¿Cómo podía explicarle que esa niña era yo? ¿Cómo había llegado esa foto hasta allí? Mi madre siempre había sido muy reservada sobre su pasado, y ahora todo parecía encajar como las piezas de un puzle que nunca quise montar.
Durante toda la mañana traté de concentrarme en mis tareas: organizar agendas, atender llamadas, preparar cafés. Pero la imagen seguía ahí, clavada en mi mente como una espina. En cada pausa, miraba a don Ernesto buscando algún gesto, alguna palabra que me diera una pista. Él era amable, incluso bromista, como esos jefes que te invitan a tomar cañas los viernes después del trabajo. Pero algo en su mirada me decía que guardaba secretos.
A la hora de comer, salí al parque del Retiro con mi bocadillo envuelto en papel de aluminio. Llamé a mi madre, fingiendo normalidad.
—Mamá, ¿te acuerdas de aquella foto mía vestida de flamenca? —pregunté, intentando sonar casual.
Hubo un silencio al otro lado.
—¿Por qué lo preguntas, Sofía?
—Nada, cosas mías…
Pero ella ya no escuchaba. Colgó rápido, como si temiera que yo descubriera algo que llevaba años ocultando.
Esa tarde, mientras ordenaba unos expedientes en el despacho, don Ernesto se acercó y me ofreció un café.
—Sofía, ¿te has adaptado bien? —preguntó con voz cálida.
—Sí… bueno, todavía me pierdo un poco por los pasillos —intenté bromear.
Él se sentó frente a mí y suspiró.
—¿Sabes? A veces la vida nos pone delante cosas inesperadas. Yo… echo mucho de menos a esa niña de la foto. Era como una hija para mí.
Sentí que el suelo se abría bajo mis pies. ¿Como una hija? ¿Qué quería decir con eso?
—¿Nunca pensaste en buscarla? —me atreví a preguntar.
Él bajó la mirada.
—Lo intenté. Pero su madre desapareció de un día para otro. Nunca entendí por qué.
Mi corazón latía tan fuerte que temí que lo oyera. Decidí arriesgarme.
—Don Ernesto… esa niña soy yo.
El silencio fue absoluto. Solo se oía el zumbido lejano del tráfico madrileño y el tic-tac del reloj de pared.
Él me miró como si viera un fantasma. Se levantó despacio y se acercó a la ventana.
—¿Sofía? No puede ser…
Asentí, conteniendo las lágrimas.
—Mi madre nunca quiso hablarme de su pasado. Pero ahora entiendo muchas cosas…
Don Ernesto se pasó la mano por la cara, emocionado.
—Tu madre fue el gran amor de mi vida. Pero eligió marcharse sin despedirse. Siempre pensé que algún día volvería…
Me senté junto a él, sin saber qué decir. En ese momento sentí rabia, tristeza y alivio al mismo tiempo. Rabia por los años perdidos, tristeza por los secretos y alivio por haber encontrado una parte de mi historia.
Esa noche volví a casa andando por las calles iluminadas de Madrid, con el ruido de las terrazas y el aroma a churros flotando en el aire. Llamé a mi madre y le conté todo. Lloramos juntas al teléfono durante horas.
Ahora sé que las familias no siempre son lo que parecen y que los secretos acaban saliendo a la luz tarde o temprano. ¿Cuántas historias como la mía habrá escondidas tras las puertas cerradas de Madrid? ¿Y si todos nos atreviéramos a preguntar lo que nunca nos han contado?