Volví a trabajar a escondidas para dejar de pedir permiso hasta para comprar pan, y mi marido me hizo elegir entre mis hijos y mi dignidad
Nunca pensé que volver a ponerme una bata de fisioterapeuta fuera a desatar una guerra dentro de mi propia casa. Durante años viví con la sensación de ahogarme en un matrimonio donde el dinero no era ayuda, sino una correa. Tomé una decisión que me devolvió el aire, pero también puso a temblar todo lo que yo llamaba familia.