Me dejó tirada en el andén con una maleta y el corazón destrozado… y luego vendí la casa donde vivían mi hijo y mi nuera. Mi propia familia me borró de su vida.
Nunca imaginé que el día más feliz de mi vida se convertiría en una pesadilla en la estación de trenes de Sevilla. Me sentí invisible, traicionada por mi propio hijo y abandonada por todos, y en ese instante de soledad tomé la decisión más dura de mi vida. Ahora, a solas, me pregunto si de verdad tenía derecho a hacer lo que hice.