El vuelo inesperado de Rubén: Cuando los sueños rompen el techo de cristal
Desde el primer día en el hangar de Barajas, sentí el peso de las miradas y los murmullos. Nadie imaginaba que aquel chico de barrio, con las manos siempre manchadas de grasa y lejía, pudiera soñar con volar. Pero cuando la emergencia llegó, el destino me puso a prueba y, en minutos, todo cambió.