Mi hija ya no es la misma: una verdad dolorosa sobre la distancia y la incomunicación
Escribo estas palabras con el corazón roto tras otra madrugada en vela, escuchando cómo mi hija, Lucía, golpeaba la puerta de su habitación. Siento que la pierdo y que cada día habla menos conmigo; entre nosotros hay palabras no dichas que se vuelven muros. Mi marido, Ignacio, y yo no sabemos en qué momento se fue esa niña alegre, ni cuándo empezó nuestro miedo a no reconocerla.