El eco de los pasos perdidos
Han pasado cuatro meses desde que enterré a mi hijo, y el dolor sigue siendo una sombra que me acompaña a cada paso. Pero un día, un niño de barrio humilde me asegura que jugó al fútbol con él la tarde anterior. Lo que descubro después me rompe y me reconstruye, devolviéndome la esperanza y una nueva forma de mirar la vida.