Marcela ya no puede más: los fines de semana en casa son un infierno
Me llamo Alena, tengo cincuenta y cinco años y mi mejor amiga Marcela está al borde del colapso. Desde que se casó con su segundo marido, la convivencia con la hija de él y sus nietos ha convertido los fines de semana en una pesadilla. Yo intento ayudarla, pero a veces siento que la situación no tiene salida.