Herencia envenenada: Cuando la casa de la abuela se convirtió en nuestro campo de batalla familiar
Desde el día en que mi hermana Lucía y yo heredamos la casa de la abuela en Alcalá, la vida se volvió un infierno bajo el control férreo de mi madre. Cada decisión nuestra era motivo de conflicto, y las amenazas de echarnos a la calle se convirtieron en rutina. Cambiar la cerradura fue el punto de no retorno: sabíamos que la tormenta familiar que se avecinaba podía destruirnos para siempre.