El corazón de la maestra Carmen: una familia inesperada en la sierra de Granada
Desde el primer día que vi a Lucía y a Diego solos en aquel banco del patio, supe que mi vida cambiaría para siempre. Adoptarlos fue la decisión más valiente y hermosa que tomé, aunque el camino estuvo lleno de dudas, lágrimas y momentos en los que sentí que el mundo se me venía encima. Veintidós años después, al verlos convertidos en adultos, no puedo evitar preguntarme si el amor, al final, es lo único que realmente importa.