El hijo del empresario vivía en la oscuridad, hasta que una chica humilde descubrió en sus ojos algo que nadie esperaba
Durante doce años viví sumido en una oscuridad absoluta, sin saber que la luz que necesitaba no era la de mis ojos, sino la del corazón. Todo cambió cuando Lucía, una chica sencilla del barrio, vio en mí algo que ni yo mismo era capaz de imaginar. Ahora me pregunto si la verdadera riqueza no está en lo que poseemos, sino en lo que somos capaces de sentir.