La boda de mi hija fue en París. No fui invitada, solo me enviaron un enlace para verlo en línea…
Desde el primer instante, me vi obligada a enfrentar la realidad de que mi hija se casaba lejos, en París, y yo solo era una espectadora a través de una pantalla. La ausencia de una invitación física, el silencio de su voz en mi teléfono, y el eco de mis propios pensamientos me hicieron cuestionar todo lo que creía sobre el amor y la familia. Al día siguiente, el teléfono no paró de sonar, pero ninguna llamada podía llenar el vacío que sentía en el pecho.