¿Mi pensión es solo mía, o de todos?
Esa tarde, el teléfono sonó de repente y la voz de mi hija Carmen me estremeció en lo más hondo. Años esperando la calma de mi jubilación, de repente, se vinieron abajo, arrastrados por las necesidades y reproches de mi propia sangre. Ahora no puedo evitar preguntarme si una madre puede priorizar su felicidad cuando sus hijos atraviesan un mal momento.