El millonario que cenaba solo y la pregunta que lo cambió todo
Nunca olvidaré aquella noche en la que, armada de valor y curiosidad, me senté junto a don Augusto, el hombre más solitario y temido de la casa. Mi madre, la niñera, siempre me había advertido que no debía molestarle, pero algo en su mirada triste me impulsó a acercarme. Lo que empezó como una simple pregunta terminó por desvelar secretos, emociones y heridas que ninguno de los dos esperaba compartir.