El regreso de Lucía: El pueblo que nunca olvida
Nada más bajar del autobús, sentí el peso de todas las miradas clavadas en mi espalda. Volver a mi pueblo después de veinte años era como abrir una herida que nunca terminó de cicatrizar. Mi madre, Carmen, me esperaba en la plaza, pero ni su abrazo pudo protegerme del frío juicio de los vecinos.