Mi hija me cerró la puerta de su boda para que la novia de su padre pudiera sonreír tranquila, y desde ese día no sé si lo que se rompió fue mi corazón o mi familia
Todavía escucho la voz de mi hija diciéndome que no fuera a su boda, y siento el mismo golpe seco en el pecho. Yo había vivido para ella, había tragado orgullo, hambre y lágrimas para sacarla adelante, y aun así me dejó fuera para evitar tensiones con la nueva mujer de su padre. Desde entonces vivo entre la rabia, la culpa y una pregunta que me persigue cada noche: si una madre puede perdonar algo así o si hay heridas que ya nacen rotas.