Cuando la codicia llama a la puerta: la historia de la casa de la abuela
Me llamo Marta y jamás imaginé que mi propia familia pudiera romperme el corazón de esta manera. Todo empezó el día que escuché a mi cuñado hablar del piso de la abuela como si ya fuera suyo, como si la vida de ella fuera solo un trámite incómodo antes de heredar. Desde entonces, la confianza y el cariño en nuestra familia se han ido desmoronando como un castillo de naipes.