Me avergüenzas delante de los vecinos: Me enamoré después de los sesenta, pero mis hijos creen que es una vergüenza
Nunca imaginé que a los 63 años volvería a sentir mariposas en el estómago. Pero cuando conocí a Juan en aquella cafetería de Lavapiés, todo cambió. Lo que no esperaba era que mis propios hijos se avergonzaran de mí por atreverme a ser feliz.