La guerra de los lápices: fe, familia y perdón en un barrio tranquilo
Me quedé clavada en la cocina con un dibujo arrugado en la mano y a mi suegra delante, roja de rabia 😳. Mi hija lloraba en el pasillo y mi marido miraba al suelo, como si no fuera con él 😑. Yo solo pensaba: «como diga una palabra más, reviento», y a la vez me daban ganas de salir corriendo 🏃♀️. Esa tarde, entre rezos a medias y frases feas, se nos abrió una herida vieja que nadie quería tocar 🙏.