Cuando la fe es lo único que queda: la invasión de mi suegra en casa
No olvido el sonido seco de la llave girando en la cerradura mientras rezaba sola en la cocina. Mi suegra, Carmen, entró con determinación, mirándome como si yo fuera la intrusa. Aguanté, en silencio y orando, porque sentí que la fe era la única defensa frente a su desafío.