Estoy Haciendo Todo lo Posible para Separar a Mi Hijo de Su Mujer, Pero Nada Funciona
—¡No me hables así, Lucía! —grité, con la voz temblorosa, mientras mi nieta lloraba en la habitación de al lado—. ¡Esta es mi casa y aquí se hace lo que yo digo!
Lucía me miró con ese desprecio silencioso que tanto odio. Mi hijo, Álvaro, estaba en el trabajo, como siempre, y yo me quedaba a cuidar a la pequeña Sofía. Desde que Lucía entró en nuestras vidas, todo cambió. Antes, Álvaro y yo éramos inseparables. Él era mi niño, mi orgullo, el único que me quedaba tras la muerte de su padre. Pero Lucía… Lucía llegó con sus ideas modernas, su acento de Salamanca, su aire de superioridad. Lo atrapó en la universidad y, desde entonces, lo fui perdiendo poco a poco.
Recuerdo la primera vez que la trajo a casa. Mi hermana Carmen me dijo: “No te fíes, Pilar, esas chicas de ciudad solo buscan un buen partido”. No me equivoqué. Lucía no tardó en quedarse embarazada y, claro, Álvaro, tan responsable, se casó con ella. Desde entonces, mi vida se convirtió en una batalla diaria. Yo solo quería lo mejor para mi hijo y mi nieta, pero Lucía se empeñaba en apartarme de todo.
He intentado de todo. Le he contado a Álvaro que Lucía sale demasiado, que deja a la niña conmigo para irse con sus amigas. Le he dicho que gasta demasiado dinero, que no sabe cocinar, que no cuida bien de Sofía. Incluso le insinué que quizá le estaba siendo infiel. Pero Álvaro siempre la defiende. “Mamá, Lucía es buena madre. Lucía me quiere. Lucía solo quiere que estemos bien”. ¡Qué ingenuo es mi hijo!
Una tarde, mientras preparaba la merienda, escuché a Lucía hablando por teléfono en la cocina. “Sí, mamá, Pilar está insoportable. No sé cuánto más voy a aguantar. Álvaro no me escucha. Siento que estoy sola aquí”. Sentí un nudo en el estómago. ¿Sola? ¡Si yo hago todo por ella y por la niña! ¿Cómo puede decir eso? Decidí que era el momento de actuar.
Empecé a dejar pequeñas pistas para que Álvaro viera la verdadera cara de Lucía. Un día, escondí el móvil de Lucía y le dije a Álvaro que la había visto muy nerviosa, que quizá estaba ocultando algo. Otro día, le conté que la niña había llorado toda la tarde porque su madre no le hacía caso. Pero nada funcionaba. Álvaro siempre encontraba una excusa para justificarla.
La tensión en casa era insoportable. Lucía y yo apenas nos hablábamos. La niña, tan pequeña, ya notaba el ambiente. Una noche, después de cenar, Lucía explotó:
—Pilar, no puedo más. No quiero que sigas metiéndote en mi matrimonio. Si tienes algún problema conmigo, dímelo a la cara, pero deja de manipular a Álvaro.
Me quedé helada. ¿Manipular? ¿Yo? ¡Si solo quiero lo mejor para mi hijo! Pero en ese momento, vi el miedo en sus ojos. Y también vi algo de verdad en sus palabras. ¿Me estaba volviendo loca? ¿Estaba perdiendo el control?
Al día siguiente, Álvaro me pidió que me sentara con él en el salón. Tenía los ojos rojos, como si hubiera llorado.
—Mamá, te quiero mucho, pero necesito que entiendas que Lucía es mi mujer. Si sigues así, vamos a tener que buscar otra solución. No quiero que Sofía crezca en este ambiente.
Sentí que el mundo se me venía abajo. ¿Otra solución? ¿Me iban a echar de mi propia casa? ¿Después de todo lo que he hecho por ellos?
Esa noche no pude dormir. Me levanté y fui a ver a Sofía, que dormía plácidamente en su cuna. Le acaricié la mejilla y me pregunté en qué momento todo se había torcido. ¿De verdad Lucía era tan mala como yo pensaba? ¿O era yo la que no sabía dejar ir a su hijo?
Al día siguiente, Carmen vino a verme. Le conté todo entre lágrimas. Ella me abrazó y me dijo:
—Pilar, a veces hay que dejar que los hijos hagan su vida. No puedes protegerlo siempre. Si sigues así, lo vas a perder para siempre.
No sé qué hacer. Sigo pensando que Lucía no es buena para Álvaro, pero cada vez estoy más sola en esta lucha. ¿Hasta dónde debe llegar una madre por su hijo? ¿Estoy equivocada? ¿O simplemente soy una madre que no sabe soltar?
¿Vosotros qué haríais en mi lugar? ¿De verdad soy la mala de esta historia, o solo una madre desesperada por no perder a su familia?