Llamé a la policía para sacar a mi marido y a mi suegro de una pelea en casa, y esa noche entendí que mi hija no podía seguir creciendo entre gritos, alcohol y miedo
Yo estaba en mi cocina cuando oí a mi marido y a mi suegro gritarse como si fueran a matarse, y en segundos tuve que ponerme en medio mientras el alcohol lo empeoraba todo. Cuando llegó la policía y vi la cara de mi hija temblando en la puerta de su cuarto, algo se me rompió por dentro y entendí que no podía seguir justificando lo injustificable. Tomé la decisión más dolorosa de mi vida: pedir ayuda, proteger a mi niña y empezar la separación para romper un ciclo familiar que nos estaba destrozando.